martes, 13 de marzo de 2012

Volvimos a Ymcapolis en febrero de 2012. Bellísimo como siempre. Gente genial, con la cual se puede compartir la mesa y pasarla bien. La primera semana de febrero es especial porque los músicos nos llenan el ambiente y es una sensación indescriptible. Mientras bajábamos las valijas del auto, al llegar, en una mesa frente a la piscina, un duo interpetaba un jazz, uno con una flauta, el otro, ni me acuerdo. Cuatro conciertos, ¿o fueron cinco o seis, si contamos cuando ellos se nos sumaron al fogón? ¿O la persecución a los músicos entre los árboles cuales rtones tras el flautista de Hamelin?
Las picardias de los chicos dejaron un salón sin luz (hoy me río pero la travesura podría haberse pagado cara, bastante viejos está el sistema eléctrico). Así que esa noche tuvimos concierto de guitarra a la luz de las velas. :) (Pobre los músicos que se les traslucía la partitura).
Gané un concurso de herradura, para sorpresa de todos, incluso la mía. La señora Yvonne, le cuesta caminar, es bastante mayor, ganó el campeonato de bochas. No me alcanzó el tiempo para jugar más al crópogo (y ver si practicaba un poco) ni para subir al Cerro Ventana. Volveremos el año que viene, si las estrellas lo permiten.

miércoles, 14 de abril de 2010

Retorno a Ymcapolis


Volviendo al atardecer hacia Ymcapolis. Al fondo està la entrada del predio.

El Chalet


Emblemático pero... es una lástima que no esté habilitado.

Este camino es uno de los que màs me gusta en Ymcapolis. Corre al lado del arroyo y linda con la cancha de crópogo. Acá he sido testigo de divertidas aventuras.
Asì queda el asadito... Ls verdad, Jorge siempre se merece un buen aplauso para el asador.

El asadito de Jorge


Jorge hace el asado para los visitantes todas las semanas. Cuando lo conocí, hace unos seis años, lleva ocho años haciendo asados los domingos para la YMCA (¿o eran los jueves?).
Es lindo verlo preparar el asado desde temprano. Junta la leña de los bosques cercanos, acomoda la carne y tiene todo listo, a punto, a la hora del almuerzo.
Le debo esta foto a Jorge: prometì enviàrsela y nunca lo hice.

El Anexo 1

El Anexo 1 es una vieja casona reciclada para alojar turistas. Rodeado de verde y de historias de misterio... fascina a los adolescentes.

Un abrazo afectuoso... y al fondo, los árboles del crópogo.


Un abrazo afectuoso... y al fondo, los árboles del crópogo.

Jugando en el predio de la Ymca.

sábado, 19 de enero de 2008

Los senderos verdes



Dentro de las 18 hectáreas que ocupa Ymcápolis abundan los caminos como estos: añosos árboles, senderos cubiertos de los pétalos caídos de los árboles, hiedras que cubren el suelo y, de fondo, sólo el sonido de la brisa haciendo mover las hojas, el murmullo del arroyo y el canto de los pájaros. Arbolados son la cancha de crópogo, el cañadón y los costados del arroyo Negro.
A mi me gusta recorrer estos caminos llevando un libro y, muchas veces, sin llevar nada. Basta la tranquilidad del lugar para sentir la paz de la naturaleza, descansar, pensar... Los niños, sin embargo, lo disfrutan recorriéndolo en bicicleta, correteando sintiéndose libres (y los papás tranquilos porque sabemos que están seguros) o tratando de descubrir animales "salvajes", como Pepe, el lagarto overo que se esconde detrás del lavadero, hormigas, orugas y vaya a saber qué otro bicho. Los adolescentes aprovechan la protección de los árboles para para contarse secretos, emprender aventuras y vaya uno a saber qué cosa más. Los juegos nocturnos, con sus misterios, nos divierten a todos pero también nos hacen sentir un poquito de "cuiqui".

Ymcapolis


Hemos vuelto de nuestras segundas (o terceras, según cómo se lo vea) vacaciones en Ymcápolis. Desde el momento que emprendimos el retorno ya comenzamos a extrañar.

Creo a veces que falta muchísima difusión a lo que sucede en YMCAPOLIS y lo bien que una familia puede pasarlo allí: un lugar naturalmente bellísimo, una institución centenaria que ofrece experiencia, valores, buen trato y cordialidad, jóvenes voluntarios dispuestos a hacerte pasar un buen rato, una comida casera muy sabrosa, además de muchas sonrisas y manos solidarias.